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Feb 15, 20267 hours ago

Milei, Between History and Smoke

C
Clarín@clarincom

AI Summary

This article dissects the political narrative and tangible realities of Javier Milei's libertarian government in Argentina. It explores how the administration strategically employs the label "historic" to frame its legislative victories, such as the labor reform and a commercial deal with the U.S., while placing this tactic within a longer tradition of Argentine political storytelling used by both Kirchnerists and now the libertarians themselves. The analysis goes beyond the triumphant headlines to examine the fragile political maneuvering and concessions required to pass these reforms, highlighting the rising influence of figures like Patricia Bullrich and the apparent isolation of Vice President Victoria Villarruel. Beneath the political theater, the piece grounds Milei's "historic" claims in a sobering economic context. It questions whether the labor reform can truly be a panacea for deep-seated issues like rampant informality, especially when compared to regional neighbors with stable economies that still struggle with unregistered work. The government's celebrated disinflation is tempered by the reality that Argentina's inflation remains catastrophically high compared to the region, and that wages continue to lose ground against rising prices, fueling social tension. Ultimately, the article invites readers to look past the smoke of political spectacle and assess what may be a genuine, lasting shift in Argentina's political landscape. It suggests that the most historically significant change might not be a specific law, but the sight of a weakened and stunned Peronism consistently losing crucial votes in Congress. For a nuanced understanding of the forces reshaping Argentina, the full analysis is essential reading.

Por Eduardo van der Kooy

Histórico. Ese adjetivo se ha convertido en un emblema que flamea con intensidad en la narrativa libertaria. Javier Milei definió de aquel modo en un tuit la media sanción de la reforma laboral en el Senado. Lo repitió por los cambios en la ley penal juvenil. Una semana antes había hecho lo mismo a raíz de la firma del acuerdo comercial con Estados Unidos. En enero, cuando la inflación de 2025 se clavó en el 31,5%, no sólo apeló a aquella altisonancia. Ventiló además la idea de un presunto “milagro argentino”.

La administración libertaria no representaría, en ese aspecto, ninguna originalidad. No es la única que con tal recurso intenta amalgamar identidad y trascendencia. Tampoco la primera que pretende exacerbar emociones. Se trata de un fenómeno de larga data en nuestra historia política que en este siglo usufructuó con sabiduría el kirchnerismo. Los libertarios, desde otra vereda ideológica, afloran como alumnos prominentes.

Tanto sería así que Milei ha empezado a competir con Cristina Fernández en sus divergentes visiones para conectar el pasado con el presente. La ex presidenta, a instancia de Hugo Chávez, denostó la estatua de Cristóbal Colón ubicada delante de la Casa Rosada y logró que fuera trasladada a la Costanera. Rechazo la conquista española. El Presidente montó una teatralización en Santa Fe –Campo de la Gloria en San Lorenzo, donde se libró la célebre batalla-- con el sable corvo de José de San Martín. Lo hizo retirar del Museo Histórico Nacional para ubicarlo en el Regimiento de Granaderos a Caballo. Reparación al cuerpo militar. Iconografías.

La reforma laboral ha constituido una gran victoria política del Gobierno. El tiempo dirá si es circunstancial o será histórica. El acuerdo comercial con Donald Trump tiene por ahora el mismo sentido. En los hechos ha significado que mediante un decreto (bajo la lupa aún del Congreso y la Corte Suprema estadounidense) el líder republicano amplíe en 80 mil toneladas, por ocho meses, el cupo para la importación de carne de nuestro país. La lucha contra la inflación ha sido remarcable, significa el principal activo de Milei, pero viene en trepada en los últimos ocho meses.

El salto cualitativo del Gobierno en torno a la reforma laboral ha sido, en especial, político. Logró atravesar un umbral, por ahora con media sanción, que no había conseguido ninguna administración en democracia. Para alguna de ellas, la de Fernando de la Rúa, simbolizó un principio de final anticipado. Tuvo una amplia mayoría en el Senado donde hasta diciembre contaba con sólo siete legisladores. Doblegó la invencibilidad histórica del peronismo en la Cámara alta. Pulseó con la Confederación General del Trabajo (CGT) y las movilizaciones callejeras que tuvieron solo focos de violencia salvaje.

La modelación de ese nuevo paisaje fue posible por la revalidación que tuvo en octubre en las urnas. También por reacomodamientos internos del gobierno libertario. Patricia Bullrich se empieza a erigir en una columna en el Senado para el ordenamiento y la negociación política del oficialismo. Es cierto que no estuvo sola. Pero entendió antes que otros que no había avance posible de la reforma laboral sin un entendimiento básico con la CGT y los gobernadores. Diego Santilli, el ministro del Interior, resultó un eficaz acompañante.

Por ese motivo sucedieron dos cosas que incomodaron a ciertos libertarios. Se resolvió conservar la retención compulsiva de la cuota sindical. Sin fecha de vencimiento como se había anticipado (2028). Cajas a disposición. Tampoco se derogó el impuesto a las Ganancias que se distribuye entre las arcas provinciales. La concesión tuvo reflejo en una fotografía. Los cegetistas dispusieron un inmediato repliegue callejero frente al Congreso no bien estallaron los primeros desórdenes. Suponen que existiría todavía un largo camino por recorrer. Piensan en Diputados y quizás en una judicialización parcelada de la reforma laboral que, intensa o atenuada, terminará llegando.

El protagonismo de Bullrich también merecería una interpretación hacia el interior del sistema libertario. Queda en evidencia que la vicepresidenta, Victoria Villarruel, aparece definitivamente aislada. Con margen de maniobra acotado incluso en la Cámara alta. En vísperas de la aprobación de la reforma asomó en uno de los palcos la guardia mileísta. La línea pesada que responde a Karina, la hermanísima. Eduardo y Martín Menem, Manuel Adorni, el jefe de Gabinete, y Santilli. El “Colo” se suele acomodar a cualquier escenario. Villarruel les hizo un agradecimiento expreso delante del recinto que no fue correspondido por ninguno de aquellos. El ex vocero sonrió por otro motivo.

Bullrich tampoco quiso quedar divorciada del glamour que siempre ofrece la invocación a la épica en algunas ocasiones. Se filmó en un video como una guerrera y triunfadora en el Congreso. ¿Habrá gustado en la Casa Rosada? Habló también del carácter histórico de la reforma y sobrevoló las estrofas del Himno cuando pontificó que “estamos rompiendo cadenas”. Más allá de las exageraciones quedaría a mano una realidad. El Gobierno consiguió dar continuidad parlamentaria al cierre del 2025 (Presupuesto) señalado como primera consecuencia de la victoria electoral. Antes de eso había padecido en ambas Cámaras una docena de votaciones adversas. Un añadido: parece haber comprendido que solo negociando asegurará que la gobernabilidad no se altere.

También convendría ir revisando lo que puede quedar debajo de tanta moqueta política. Varias de las principales voces del Gobierno (el ministro Federico Sturzenegger, la propia Bullrich) han alimentado el imaginario social al señalar que la reforma laboral podrá facilitar la creación de empleo, un límite a la informalidad e incluso la proliferación de empresas nuevas. Juegan con un hándicap. El sistema vigente se agotó. Aunque hacia futuro queda planteado más de un interrogante. Se han aprobado modificaciones sobre el estándar viejo antes que introducido novedades respecto de la modernización laboral que atraviesa al mundo.

La senadora deslizó un dato verosímil. La Argentina es uno de los países de la región con menor densidad de empresas por cada mil habitantes: apenas 12, contra 58 de Chile o 61 de Uruguay. Esa realidad no responde a la aplicación de ninguna ley en particular. Refiere a procesos de inversión, crecimiento y confianza sistémica desarrollados durante décadas.

En el caso de reformas laborales han existido (existen) ensayos en países del Cono Sur. Con diferentes propósitos. Chile está llevando adelante una de ellas que produjo en 2024 una reducción de 45 a 44 las horas semanales de trabajo. Este año debería llegar a 42 y en 2028 a 40. Brasil, durante la transición de Michel Temer (2017) introdujo una flexibilización o modernización laboral que recién conoció resultados importantes después de la pandemia, a raíz de un sostenido crecimiento económico. Con picos por arriba del 5%.

Ni siquiera esas tendencias ofrecen garantías absolutas. El gobierno de Milei sostiene, por ejemplo, que la reforma laboral podría ser una panacea para reducir drásticamente el trabajo informal. Basta recorrer el mapa regional para formarse alguna idea. Perú es un país con una estabilidad macro económica que se remonta a más de dos décadas. Sin embargo, el trabajo en negro se arrima al 65%. Paraguay sigue un camino similar tras la crisis financiera del 2002. Se habla mucho de su boom económico. La informalidad roza el 58%. La contracara podría ser Chile con un desarrollo estable que nunca ha podido bajar del 27% el trabajo sin registro. No existen los paraísos.

Todas aquellas naciones y otras, además, poseen una gran ventaja comparativa respecto de la Argentina. Salvo el período de la pandemia (como sucedió en el planeta) los índices de inflación anual oscilan entre el 5% y 7% en el peor de los casos. Con el índice del 2,9% de enero nuestro país redondea un 32,4% interanual. Escapa a cualquier tabla comparativa con la región (excluyendo Venezuela) y obligaría a Milei y a Luis Caputo a poner los pies sobre la tierra. La desinflación es un logro. Pero la inflación alta permanece.

Esa realidad se combina con otro problema. El Indec informó que en diciembre los salarios avanzaron 1,6% por debajo del IPC del 2,8%. En enero la Canasta Básica Alimentaria creció casi un 4%. Se trata del cuarto mes consecutivo que los salarios registrados perderían contra la inflación. Hubo llamados de atención peligrosos sobre el rezago que acumulan las remuneraciones. El gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, debió enfrentar un motín policial espoleado por algunas razones internas, aunque validado por una realidad objetiva: un salario policial promedio que no alcanzaba los $ 900 mil.

Sobre ese escenario social extendido de tanta precariedad los avances del gobierno libertario sobresalen más. Logró la media sanción en Diputados de la ley penal juvenil que baja a 14 la edad punible. El tema logró incluso meter una cuña en el universo kirchnerista. Sergio Massa y los suyos votaron con el mileísmo. El ex candidato a presidente siempre fue uno de los defensores de penas más severas contra el delito.

Como suele suceder habitualmente la baja de la edad concentró todos los debates. Dio lugar, según pretendía una mayoría, al papel de las víctimas antes que de los victimarios. Relegó a un segundo plano los procedimientos que deberán llevarse a cabo para acoplar la nueva ley penal juvenil con la realidad. No se trata sólo de aspectos jurídicos. También, de un financiamiento que asoma difuso.

La mayor novedad, tal vez, haya sido observar a un kirchnerismo replegado, en minoría, atónito, perdiendo con holgura votaciones cruciales en el Senado y Diputados. Eso sí podría ser histórico, como siempre le gusta etiquetar Milei.