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Jan 18, 20261 month ago

Canadá, Trump y el telón del T-MEC: el final se acerca.

SL
Simón Levy@SimonLevyMx

AI Summary

The article argues that Mexico failed to capitalize on the geopolitical shift caused by the Trump administration's trade policies, which presented an opportunity to replace Chinese supply chains with domestic production. Instead, Mexico remained dependent on Chinese inputs, leading to higher costs, job losses in manufacturing, and reduced competitiveness, while Canada strategically positioned itself as a technologically advanced, lower-risk alternative for investment. Mexico's internal policy of raising minimum wages without boosting productivity has further eroded its position, making it vulnerable to competition from Central America and Southeast Asia.

¿Sabías que desde junio de 2023 a mayo de 2025 más de 100,000 empleos en la industria maquiladora fronteriza de México, con picos en Juárez (65,000 en dos años) ha perdido ~64,226 plazas con 558 empresas cerrando? (DATOS INEGI)

¿Sabías que el neto positivo indica que en los últimos 8 años México sigue atrayendo más capital del que sale y ha batido récord en relación a sexenios anteriores gracias a la pandemia que capitalizó López Obrador, pero el ritmo se desploma cada vez más (~1.5% del PIB anual en neto sin reinversión)? (DATOS INEGI)

¿Cómo es que la inversión neta en México ha subido pero se van perdiendo miles de empleos?

Te voy a compartir las razones:

Durante décadas, México ocupó un lugar privilegiado en la economía de América del Norte.

Su papel era sencillo y eficaz: importar insumos baratos, ensamblarlos rápidamente y exportarlos al mercado más grande del mundo, Estados Unidos.

Ese modelo funcionó porque el mundo funcionaba así. China producía barato, México ensamblaba con rapidez y bajos salarios, y Estados Unidos consumía sin cuestionar demasiado el origen de cada tornillo.

Durante casi cuarenta años, esa lógica sostuvo el crecimiento industrial mexicano.

Pero ese mundo empezó a desaparecer cuando Donald Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos. Su política comercial no fue una anomalía pasajera, sino un cambio estructural. Trump convirtió el comercio en un asunto de seguridad nacional. Impuso aranceles a China, endureció reglas de origen, presionó a las cadenas productivas y dejó claro que la dependencia excesiva de un solo país -especialmente China- era un riesgo estratégico. Para México, ese giro representó una oportunidad histórica que pocas veces se repiten: sustituir la proveeduría china por proveeduría local, construir una base industrial propia, desarrollar proveedores nacionales y dejar de ser únicamente un país ensamblador.

Esa oportunidad no se aprovechó.

México no usó los años posteriores a 2018 para reconstruir su estructura productiva. No impulsó de manera decisiva una política industrial capaz de reemplazar componentes chinos por producción nacional o regional. No desarrolló tecnología intermedia ni cadenas internas robustas. En lugar de eso, siguió haciendo lo que había hecho durante los últimos cuarenta años: depender de la proveeduría barata china.

Componentes electrónicos, piezas automotrices, maquinaria, sistemas eléctricos y miles de insumos críticos continuaron llegando de China. El modelo no cambió; solo se volvió más frágil.

Cuando Estados Unidos endureció su postura y México respondió elevando aranceles a productos chinos, el problema quedó al descubierto. México encareció su propia producción sin haber creado sustitutos locales. Subir aranceles no construye fábricas ni genera proveedores por sí solo.

Lo único que hizo fue aumentar costos, reducir márgenes y sembrar dudas entre inversionistas.

Las plantas existentes no se fueron (ya empiezan a irse algunas), porque mover una fábrica es caro, pero las nuevas inversiones comenzaron a mirar hacia otros lados.

Mientras México quedaba atrapado en esa contradicción —dependiente de China para producir y dependiente de Estados Unidos para vender— Canadá leyó mejor el nuevo mapa.

Entendió que el futuro no estaba en competir por salarios bajos, sino en reposicionarse dentro de la cadena de valor. Canadá optó por una estrategia distinta: usar a China de forma selectiva, no como proveedor de mano de obra, sino como fuente de tecnología, capital y procesos industriales avanzados.

En sectores como baterías, autos eléctricos, materiales críticos y manufactura altamente automatizada, el salario representa una parte pequeña del costo total. Ahí, pagar más por trabajador no es una desventaja si se controla la tecnología, la energía y el cumplimiento regulatorio.

CANADÁ Y SU ACERCAMIENTO A CHINA

Canadá empezó a convertirse en un nodo seguro desde el cual integrar tecnología asiática y vender al mercado norteamericano con menor fricción política. Al mismo tiempo, comenzó a diversificar su política económica por razones de seguridad nacional, ampliando vínculos con Asia y con Medio Oriente, reduciendo su dependencia exclusiva de Estados Unidos y transformando, silenciosamente, la lógica tradicional de América del Norte. No buscó reemplazar a México como país de mano de obra barata; buscó ocupar el lugar de plataforma tecnológica e institucional del futuro.

México, en contraste, quedó anclado en el pasado. Su ventaja histórica —la mano de obra barata— dejó de ser suficiente en un mundo donde la automatización avanza y donde el valor se concentra en la tecnología y el control de la cadena productiva. Y lo más grave: al no haber sustituido la proveeduría china cuando tuvo tiempo para hacerlo, México perdió grados de libertad justo cuando más los necesitaba.

Para entender cómo todo esto se traduce en una decisión real, pensemos en un ejemplo concreto.

¿CÓMO EVALÚAN LA INVERSIÓN EN UN PAÍS?

Una empresa global evalúa invertir 500 millones de dólares en una nueva planta para producir componentes de autos eléctricos destinados al mercado estadounidense. México ofrece salarios más bajos, pero la empresa sabe que deberá importar buena parte de los insumos desde China, pagar aranceles más altos, enfrentar auditorías constantes de origen y asumir un mayor riesgo regulatorio. Eso eleva el costo del financiamiento y obliga a exigir mayores márgenes. Canadá, en cambio, ofrece salarios más altos, pero menor fricción política, acceso más barato al capital, mayor certidumbre regulatoria y la posibilidad de integrar tecnología asiática con menos ruido. Cuando la empresa pone todos los números sobre la mesa, descubre que el proyecto en Canadá no es significativamente más caro y es mucho más predecible. La decisión final no se toma por el salario por hora, sino por el riesgo total del proyecto. Ese es el tipo de cálculo que hoy se repite una y otra vez.

SALARIOS “ALTOS”, SIN SER MÁS PRODUCTIVOS: LA APUESTA OBRADORISTA

Es en este punto donde entra la política interna mexicana.

La política económica del presidente Andrés Manuel López Obrador se basó en la construcción de una ventaja competitiva ficticia para el trabajador mexicano. El aumento sostenido del salario mínimo fue presentado como un logro estructural, cuando en realidad la gran mayoría de los trabajadores formales ya ganaban por encima de ese umbral. El incremento no vino acompañado de una estrategia para elevar capacidades productivas, formación técnica, tecnología o inserción en cadenas de mayor valor. Lejos de fortalecer la productividad, el resultado fue una economía más informal: seis de cada diez mexicanos quedaron fuera del sector formal. El aumento al salario mínimo no generó salarios altos reales porque no creó productividad adicional; no elevó el valor del trabajo mexicano, solo encareció la manufactura básica. Esa supuesta ventaja para el trabajador se diluye rápidamente en un mundo donde la manufactura intensiva en mano de obra puede ser sustituida por países de Centroamérica con costos similares y menor fricción estructural.

Esta debilidad estructural tiene otra consecuencia profunda: México deja de ser insustituible. Durante años se asumió que la cercanía geográfica lo protegía de cualquier competencia.

Hoy ya no es así.

Países de Centroamérica, bajo esquemas como CAFTA-DR, pueden absorber parte de la manufactura ligera e intensiva en mano de obra que antes estaba atada a México. No tienen la misma escala, pero sí ofrecen costos laborales bajos y, para ciertos procesos, una alternativa suficiente para que Estados Unidos reduzca su dependencia. Al mismo tiempo, Vietnam emerge como un competidor directo en manufactura de volumen: salarios competitivos, disciplina industrial y una integración cada vez más eficiente en las cadenas globales. Aunque la logística sea más larga que la de México, el diferencial de costos y la escala pueden compensarlo cuando México se vuelve más caro o más riesgoso.

EL FINAL DEL T-MEC EN LA LÓGICA DE DONALD TRUMP.

En este contexto, el T-MEC empieza a mostrar grietas.

No porque vaya a desaparecer automáticamente, sino porque la lógica industrial que lo sostenía comienza a diluirse. El tratado tiene una revisión programada en 2026, y llega a esa revisión en un momento en el que Estados Unidos ya no depende exclusivamente de México para su estrategia industrial futura. Si puede mover parte de la manufactura ligera a Centroamérica, si puede diversificar proveedores hacia Asia no china y si puede atraer inversión directa para su propia reindustrialización, el incentivo para mantener intacta la relación industrial con México se reduce. El T-MEC deja de ser un ancla incuestionable y se convierte en una herramienta negociable.

Estados Unidos, por su parte, empuja una reindustrialización que busca atraer capital y plantas, siempre bajo el filtro de la seguridad nacional. No se trata de abrir las puertas sin condiciones, sino de reconstruir capacidad productiva con control, incluso permitiendo inversión extranjera en la medida en que no comprometa sectores estratégicos. En ese proceso, la dependencia histórica de México pierde centralidad.

Y aquí aparece el factor que durante años el mundo no consideró seriamente al evaluar a México: el costo del riesgo y, con él, el costo del capital. Durante décadas, producir en México se evaluaba casi exclusivamente por salarios bajos y cercanía geográfica. Hoy, las decisiones de inversión incorporan variables que antes se ignoraban o se subestimaban: incertidumbre regulatoria, fricción política, riesgo de cumplimiento comercial, volatilidad institucional y presión geopolítica. Todo eso se traduce en una sola cosa para cualquier inversionista: capital más caro.

Cuando el riesgo sube, el financiamiento exige mayores rendimientos, las tasas implícitas aumentan y los proyectos necesitan márgenes más amplios para ser viables. México, que ya perdió parte de su ventaja de costos por no haber sustituido su proveeduría china, ahora carga además con un mayor costo de capital.
Esa combinación es letal para la competitividad.

La brecha que antes separaba a México de Centroamérica o del Sudeste Asiático se cierra.

La distancia que lo hacía incomparable frente a países como Vietnam se reduce. Incluso Canadá, con salarios mucho más altos, se vuelve competitivo cuando su riesgo es menor y su acceso al capital es más barato.

Así, entre 2026 y 2030, el nuevo mapa industrial no se define solo por quién paga menos por hora, sino por quién ofrece mayor certidumbre, menor riesgo y financiamiento más accesible.

Canadá capitaliza su estabilidad. Centroamérica y el Sudeste Asiático compiten por costo puro.

Estados Unidos reconstruye su músculo industrial. Y México, que durante años fue evaluado únicamente por su mano de obra barata, descubre que el mundo ahora le cobra lo que antes pasaba por alto: el precio del riesgo y el costo del capital.

Ese es el factor final que termina de explicar por qué conservar la producción del presente ya no garantiza un lugar en el futuro.

El costo del riesgo en México es mucho mayor al costo barato de su mano de obra y su proximidad a Estados Unidos y Estados Unidos ya lo descuenta en Centroamérica y Canadá también.

Mientras eso pasa, la apuesta mexicana es esperar a la salida de Trumpismo, pero difícilmente eso sucederá en los próximos años.

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fuentes:

https://www.krwg.org/local-viewpoints/2025-07-21/job-losses-in-juarez-as-mexicos-manufacturing-sector-keeps-growing

https://diario.mx/economia/2025/dec/25/continua-en-maquilas-la-perdida-de-empleos-1099221.html

https://www.milenio.com/negocios/crisis-maquiladoras-despidos-diarios-bancarrotas-mexico

https://mexicocomovamos.mx/publicaciones/2025/07/se-pierden-139444-puestos-de-trabajo-registrados-ante-el-imss-en-el-segundo-trimestre-2025

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SLSimón Levy