George Orwell escribió 1984 como una obra de ciencia ficción futurista, el día de hoy sus novelas parecen más una advertencia política. El problema no es que no las hayamos leído; el problema es que le permitimos a los zurdos de mierda hacer realidad una novela sobre un futuro terrible, y hoy parecería que estamos viviendo en ella.
En todos los gobiernos de izquierda, hoy en día la censura (represión) ya no se impone con tanques ni decretos explícitos, sino con el uso del lenguaje moral, burocracia regulatoria y la supuesta superioridad ética que decide qué puede decirse, pensarse y compartirse de un montón de corruptos, rateros y criminales que se autonombran líderes morales.
España y México son hoy dos laboratorios claros del experimento autoritario llamado comunismo.
En España, el gobierno de Pedro Sánchez ha empezado a impulsar "regulaciones" que, disfrazadas de protección social, avanzan directamente contra los pilares de una sociedad libre. La propuesta de prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años mediante verificación obligatoria de identidad no es una política de cuidado: es un ensayo general de control poblacional digital. Hoy el dueño de #Telegram Pavel Durov, haciendo uso de su propia plataforma, le envió a todos sus usuarios Españoles el siguiente mensaje:
❗️ El Gobierno de Pedro Sánchez está impulsando nuevas regulaciones peligrosas que amenazan vuestras libertades en internet. Anunciadas ayer mismo, estas medidas podrían convertir a España en un Estado de vigilancia bajo el pretexto de “protección”. Aquí os explico por qué son una señal de alarma roja para la libertad de expresión y la privacidad:
1. Prohibición de redes sociales para menores de 16 años con verificación de edad obligatoria: No se trata sólo de los niños—requiere que las plataformas usen controles estrictos, como exigir DNI o biometría.
⚠️ Peligro: Establece un precedente para rastrear la identidad de CADA usuario, erosionando el anonimato y abriendo puertas a la recopilación masiva de datos. Lo que empieza con los menores podría extenderse a todos, sofocando el debate abierto.
2. Responsabilidad personal y penal para los ejecutivos de plataformas: Si no se elimina rápidamente contenido “ilegal, odioso o perjudicial”, sus responsables podrían ir a la cárcel.
⚠️ Peligro: Esto forzará la sobrecensura—las plataformas borrarán cualquier cosa mínimamente controvertida para evitar riesgos, silenciando disidencias políticas, periodismo y opiniones cotidianas. Tu voz podría ser la siguiente si desafía el statu quo.
3. Criminalización de la amplificación algorítmica: Amplificar contenido “perjudicial” a través de algoritmos se convierte en delito.
⚠️ Peligro: Los gobiernos dictarán lo que ves, enterrando opiniones opuestas y creando cámaras de eco controladas por el Estado. ¿Exploración libre de ideas? Desaparecida—reemplazada por propaganda curada.
4. Seguimiento de la “huella de odio y polarización”: Las plataformas deben monitorear y reportar cómo “alimentan la división”.
⚠️ Peligro: Definiciones vagas de “odio” podrían etiquetar críticas al gobierno como divisorias, llevando a cierres o multas. Esto puede ser una herramienta para suprimir a la oposición.
Estas no son salvaguardas; son pasos hacia el control total. Hemos visto este guion antes—gobiernos armamentizando la “seguridad” para censurar a sus críticos. En Telegram, priorizamos vuestra privacidad y libertad: cifrado fuerte, sin puertas traseras y resistencia al exceso.
✊ Manteneos vigilantes, España. Exigid transparencia y luchad por vuestros derechos. Compartid esto ampliamente—antes de que sea tarde.
Orwell lo explicó con brutal claridad: quien controla la información, controla la realidad. La eliminación del anonimato en internet no protege a los ciudadanos; los expone. Obligar a identificarse mediante documentos oficiales o incluso biometría, crean bases de datos que sirven para localizar y ejecutar ciudadanos molestos con el sistema, normaliza la vigilancia y crea una infraestructura perfecta para el rastreo masivo de posibles adversarios políticos. Hoy son los menores de 16 años; mañana, todos. Así funcionan siempre los Estados que avanzan hacia el autoritarismo: lo hacen gradualmente, justificando sus crímenes en la protección del más debil, sin pedir permiso, pero dando muchas explicaciones.
El siguiente paso es aún más revelador del ADN ideológico de estas políticas: la criminalización de los empresarios dueños de plataformas digitales o cualquier otro medio de comunicación si no eliminan con suficiente rapidez contenidos calificados como “ilegales”, “dañinos” o “de odio”. Conceptos deliberadamente vagos y que los políticos ajustan a su conveniencia para salirse siempre con la suya. Exactamente como en la novela "1984", donde el delito no era lo que hacías, sino lo que el poder decidía reinterpretar sobre lo que hacías y luego convertirlo en un crimen.
Este esquema de censura y control no busca justicia; busca inculcar miedo. Los políticos de izquierda saben muy bien que el miedo es el mejor censor, por eso utilizan al crimen organizado como brazo ejecutor, a las fiscalías como arma legal de presión y a la hacienda pública como brazo extorsionador. Ante el riesgo de muerte, multas o prisión, las plataformas no evaluarán contextos ni defenderán el debate: borrarán todo lo que huela a crítica. El resultado es una esfera pública estéril, dócil, políticamente sometida y funcional al partido único en el poder.
La izquierda no confía en los ciudadano, nunca lo ha hecho, por eso donde se logra enquistar censura, amenaza, corrompe y mata... su principal finalidad es mantener a sus votantes sometidos, engañados, esperanzados y pobres para poder manipularlos y usarlos para sus fines. Si evaluamos todos los regímenes de izquierda, siempre desprecian al pueblo en los hechos. Parte de una premisa profundamente autoritaria: la gente no sabe pensar, ni cuidarse, el Estado debe hacerlo por ella. Por eso también pretende castigar la “amplificación algorítmica” de contenidos “problemáticos”. En otras palabras, el gobierno quiere decidir qué ideas merecen visibilidad y cuáles deben ser exterminadas, la realidad es que esto no es regulación ni protección a los menores; es ingeniería ideológica y podemos comprobarlo porque por un lado promueven que los niños son responsables de decidir su sexo incluso antes de saber sumar, son impulsores de las "infancias trans" y por otro lado le prohiben a los jóvenes que están a punto de empezar a votar (16 años) la libertad de expresarse y asociarse de manera digital.
En México, este mismo impulso autoritario y censurador se manifiesta a través de la llamada ley de “derecho de las audiencias”. Bajo el argumento de proteger al público de la “desinformación”, el Estado se arroga el poder de definir qué es información “veraz”, “equilibrada”, “responsable”, quien tiene el derecho de difundirla y a través de que canales. Orwell lo llamó neolengua: cambiar el significado de las palabras para que la censura parezca virtud y el control parezca cuidado.
El paralelismo entre la España censuradora y el México autoritario es evidente. En España se combate el “odio” y la “polarización”. En México, la “desinformación” y la “manipulación”. El enemigo siempre cambia de nombre, pero el método es idéntico: desacreditar la crítica, disciplinar el discurso y castigar la disidencia. Son burdos a la hora de mentir pues en sus propios canales oficiales y desde sus programas pagados con dinero del pueblo, se dedican a esparcir mentiras y ejecutar mediáticamente a quienes no nos doblamos, pero al mismo tiempo dicen que quieren cuidar a los ciudadanos de contenidos falsos y dañinos.
La izquierda nunca ha defendido la verdadera libertad de expresión, porque esa libertad siempre deja de servirle cuando pierden el monopolio de la narrativa. Las redes sociales han roto el cerco informativo, exponen los abusos, contradicciones y mentiras oficiales. Por eso ahora deben ser “reguladas”. No para proteger a la sociedad, sino para proteger al gobierno de la sociedad. Orwell entendió algo esencial: la censura moderna no se impone diciendo “esto está prohibido”, sino diciendo “esto es peligroso”. Y cuando el Estado decide qué ideas son peligrosas, la democracia ya ha comenzado a morir, aunque conserve elecciones, parlamentos y discursos grandilocuentes.
España y México no avanzan hacia un futuro más justo, sino hacia un pasado que creíamos superado. Defender la libertad de expresión hoy no debería ser un lujo ideológico: debe ser una obligación moral. Porque les garantizo que el gobierno empezará a decidir qué puedes decir, pensar o compartir y el siguiente paso siempre es intentar controlar qué puedes creer y que no, que está bien y que está mal. Y entonces, como advirtió Orwell, la mentira se vuelve verdad, la verdad se vuelve delito y la libertad deja de existir sin que nadie se dé cuenta.
Luchemos siempre juntos y defendamos nuestro derecho a la VIDA, PROPIEDAD y LIBERTAD. Que los gobiernos criminales y corruptos no los doblen porque de rodillas es imposible avanzar y nosotros vamos a seguir avanzando.

